Había algo que no sabía explicar con palabras, algo que nacía en lo más profundo de su pecho cada vez que pensaba en esa idea, en esa posibilidad. No era una historia de traición ni de dolor; no esta vez. Era la simple, pero abrumadora, sensación de que el amor, el verdadero amor era un fenómeno que nadie podía controlar. Se preguntaba si el amor era esa revolución interna que lo sacudía cuando veía a alguien especial, esa ansiedad tibia, esa electricidad silenciosa que lo dejaba inquieto durante horas. Sentía que la vida, en su infinita rareza, cobraba sentido en esos instantes. El amor, pensaba, no era algo que se buscara: era algo que te encontraba, como un viento que sopla en el desierto cuando ya no esperas sentir nada. Para él, cuando el amor aparecía, todo se transformaba. El mundo entero quedaba fuera de foco y esa única persona se volvía la luz alrededor de la cual giraba su existencia. No era obsesión, era dedicación; no era vacío, era plenitud. Era esa necesidad de alejarse ...