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Hacia una hermenéutica del arte: una lectura filosófica de la representación corporal en la obra de Fernando Botero.




La interpretación del arte no puede depender únicamente de la intención del artista, sino también de la forma en que es recibida por el público. Desde la propuesta de Roland Barthes en La muerte del autor, se ha planteado que el sentido de una obra surge en el acto de lectura o contemplación. Esto significa que, una vez expuesta al público, la obra escapa del control del creador y se convierte en un objeto abierto a múltiples significados. En este contexto, la obra de Fernando Botero, caracterizada por la representación de cuerpos voluminosos, ha sido defendida por el artista como una exploración de la forma y la monumentalidad. Sin embargo, una parte del público la percibe de manera distinta, interpretándola como una caricaturización que refuerza estereotipos en lugar de dignificar los cuerpos grandes. Entonces, ¿tiene sentido seguir defendiendo solo la intención del artista?

El objetivo de este trabajo es cuestionar la relación entre arte, intención y recepción, explorando si la obra de Botero exalta la forma o si, por el contrario, puede ser leída como una burla involuntaria.  ¿Qué pasa cuando la percepción de burla se impone sobre la intención artística? 

La muerte del autor 

Roland Barthes señala que, al centrarse en el autor, se restringe el poder del lector o del espectador de crear sentido. Esta postura se aleja de la idea de que toda obra debe entenderse desde la vida o el discurso del creador. En el caso de Botero, esto implica que su afirmación de “no pintar gordos, sino volúmenes” no invalida las múltiples interpretaciones que su obra pueda provocar.

Sus figuras redondeadas y monumentales han sido asociadas con lo grotesco, lo infantil o incluso lo cómico, lo cual contradice la intención formalista del autor. En esta lectura, lo que el público ve adquiere el mismo estatus que lo que el autor quiso decir. La pregunta entonces no es solo qué quiso expresar Botero, sino cómo se recibe su obra en una cultura que ha construido el cuerpo gordo como objeto de burla.

Botero y Lempicka: dos estéticas del volumen

El caso de Tamara de Lempicka ofrece un contrapunto. Su pintura La Bella Rafaela también presenta un cuerpo voluptuoso, pero lo hace desde una construcción visual centrada en la sensualidad, el deseo y la individualidad. El cuerpo no aparece como una masa uniforme ni como una exageración, sino como una figura poderosa, con una mirada y una presencia que desafía la mirada objetivante.

Este contraste permite ver que el problema no es el volumen en sí, sino cómo se compone visualmente. Botero tiende a uniformar los cuerpos, despojarlos de detalles individuales y expresividad. Lempicka, en cambio, mantiene la subjetividad del personaje. Esto sugiere que la diferencia en la recepción no proviene únicamente del cuerpo representado, sino del tratamiento visual y emocional que cada artista construye.

Conclusión

El arte no se limita a lo que el autor quiere decir. Su significado se amplía en la mirada del espectador y en el contexto cultural en el que circula. En el caso de Fernando Botero, su estilo puede interpretarse como una celebración del volumen, pero también como una caricatura, dependiendo de quién lo mire y desde dónde. La comparación con Tamara de Lempicka demuestra que los cuerpos grandes pueden ser representados desde la sensualidad, la dignidad o el deseo, sin caer en la burla ni la deformación.

Reconocer esa ambigüedad interpretativa es necesario para pensar críticamente la representación del cuerpo en el arte. La muerte del autor no elimina su voz, pero la pone en diálogo con otras, especialmente con las de quienes han sido históricamente objeto de exclusión o ridiculización. El arte, entonces, no se cierra en la intención, sino que se abre en la mirada.

Por: Libni Barraza.

Bibliografía: 

Barthes, R. (1968). La muerte del autor. En El susurro del lenguaje (pp. 65-71). Barcelona: Paidós, 1987. 

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