Bacon le declaro la guerra a la especulación. En un mundo gobernado por las reflexiones carentes de corroboración en la realidad sensible, en donde la filosofía se encargaba de discutir temas desde la tinta y el papel, y no desde la observación empírica, Bacon, cambio el paradigma que se tenía a la hora de someter a estudios nuestro mundo real. La deducción Aristotélica, la doctrina y el método filosófico predominante en la época, era una vanidad intelectual. Construir un sistema de conocimiento desde arriba hacia abajo, partiendo de principios generales asumidos como verdades absolutas (como los silogismos) para luego aplicarlos a la naturaleza, tenía baches a la hora de observar y corroborar esto en nuestra realidad material, además de encerrar la filosofía en una torre de marfil especulativa, alejada de todo conocimiento concreto y verídico. Bacon se dio cuenta de esto y para ello propuso su famoso método inductivo, el cual consiste en:
- Observación de hechos particulares.
- Generalización progresiva (sin saltos apresurados).
- Verificación experimental.
Esta concepción que tenía Bacon para estudiar la realidad rompió con la soberbia intelectual de su tiempo, rechazó las palabras huecas de los tratados carentes de veracidad y reemplazó el dogma con la evidencia, el argumento con la prueba. Como un alquimista de la razón, transmutó la vana especulación en conocimiento tangible, construyendo no sobre aires de grandeza, así como lo hacían los pensadores de la época, sino sobre la firmeza del dato, del experimento, de la observación cuidadosa. Con este nuevo método, la ciencia y la filosofía se despidieron de las catedrales de pensamiento erigidas sobre la arena movediza de la suposición; Bacon exigía cimientos de roca, erigidos ladrillo a ladrillo por el martillo incansable de la experiencia. De este modo, el empirismo se consolido como una forma más confiable de estudiar lo que nos rodea.
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